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Concierto en colaboración con el Palau de la Música de València

Concierto en colaboración con el Palau de la Música de València

25 de septiembre de 2020

Orquestra de València

Orquestra de València + Jordi Francés + Carlos Apellániz

Jordi Francés, director
Carlos Apellániz, piano

Programa

György Ligeti (1923-2006) Melodien for Orchestra (1989)

Carlos Fontcuberta (1977) Finestres (2019, obra encargo del Palau de la Música de València)

Béla Bartók (1881-1945) Concert per a orquestra (1943)
 

*Charla previa al concierto con Jordi Francés y Carlos Fontcuberta a las 18.30h. 

György Ligeti (1923-2006) compuso Melodien (Melodias) para orquesta en 1971, por encargo de la ciudad de Nuremberg para conmemorar el quinto centenario del nacimiento de Alberto Durero. Se estrenó el 10 de diciembre de ese mismo año en Nuremberg, por la Orquesta Filarmónica de la ciudad, bajo la dirección de Hans Gierster. Está constituida por nueve seccionesque se entrelazan, marcadas por cambios en el material musical, en la textura, el tempo y, en tres ocasiones, por el cambio de compás. Cada una engloba un proceso: se expone un elemento, que es gradualmente transformado hasta que aparece una señal formal que dará paso sin interrupción a la siguiente sección. Según las indicaciones del autor para su interpretación, hay tres planos dinámicos (o sea, de volumen), denominados “primer plano”, con melodías y patrones melódicos más cortos, “plano medio”, con figuraciones subordinadas similares a ostinati y “plano de fondo”, formado por largas notas sostenidas. Melodien es una obra de transición dentro del catálogo de Ligeti, ya que en ella se aleja de su densa micropolifonía en busca de una textura más transparente, donde cada línea es más perceptible. Pero, aún así, encontramos todavía rastros de su práctica micropolifónica (aunque no microcanónica) anterior en la sección inicial y en la séptima, relacionada con la primera. Ligeti describe la micropolifonía como “polifonía inaudible en la cual cada voz, aunque imperceptible por sí misma, contribuye al carácter del entramado polifónico como un todo”. Sería como un contrapunto microscópico, una densa textura internamente animada en la que muchos instrumentos tocan versiones ligeramente diferentes de la misma línea melódica. En Melodien, lo mecánico (ostinati entrelazados) y lo estático (masas de sonido) están mezclados. Anteriormente, el compositor trabajó con estas dos texturas una tras otra, pero aquí, al unirse, contribuyen a la sensación omnipresente de estado difuso o desorden controlado de esta pieza orquestal.
 
Hoy asistimos al estreno absoluto de Finestres, un concierto para piano y orquesta compuesto por Carlos Fontcuberta (València, 1977), encargo del Palau de la Música de València. La obra se estructura en cuatro partes o “Finestres” (ventanas)Según palabras del propio autor, “la idea inicial de la primera, Marina, se configura como una gestualidad orquestal en forma de olas, que impulsan al solista hacia la superficie, desde la nada hasta la plenitud.” Los dos breves movimientos centrales, Celeste y Onírica, son pequeños interludios que, agrupados, asumirían, según el compositor, la función estructural del movimiento lento de un concierto clásico. Celeste evoca un mundo de constelaciones sonoras, mientras que Onírica sugiere una atmósfera surrealista que podríamos encontrar en cuadros de Tanguy, De Chirico o Dalí. Sobre la última finestra, titulada Metropolitana, Fontcuberta nos explica que “puede definirse como una ventana de ventanas, en la que la proliferación de materiales variopintos, citas y alusiones veladas se suceden y entrecortan a ritmo acelerado, evocando así el dinamismo y la multiplicidad de espacios de las grandes ciudades.” El compositor hace hincapié en que la obra no es música descriptiva, aunque se evoca en cada una de sus partes una cierta poética.
 
Béla Bartók (1881-1945) emigró a América en octubre de 1940, a causa de la segunda guerra mundial. El tiempo que pasó en Estados Unidos no fue un período feliz para él. Se vio continuamente asediado por problemas de salud y de dinero. Al cabo de un tiempo le diagnosticaron leucemia. Para ayudar a su admirado amigo, sus compatriotas, el violinista Joseph Szigeti y el director Fritz Reiner acudieron a Serge Koussevitzky, director musical de la Orquesta Sinfónica de Boston. Su idea era que se le encargara, a través de la Fundación Koussevitzky, una nueva composición. Koussevitzky visitó a Bartók en el hospital y le ofreció un cheque de 500 dólares como adelanto del cincuenta por ciento por una obra para orquesta. La composición del Concierto para orquesta fue rápida: tardó en escribirlo 55 días y estuvo completamente terminado el 8 de octubre de 1943.
 
El lenguaje de esta obra muestra la evolución del compositor hacia una simplificación y puerza de estilo que empezó alrededor de 1930, después de un apasionante período de experimentación. Él mismo escribió en 1938 que “la música contemporánea debería dirigirse en la actualidad hacia la búsqueda de lo que llamaríamos inspirada simplicidad.” El título de esta obra orquestal, cercana a una sinfonía, se explica, según su autor, por su tendencia a tratar los instrumentos o grupos de instrumentos de una manera concertante o solista. El Concierto para orquesta se organiza en cinco movimientos: El primero, Introduzione (Andante non troppo. Allegro vivace) tiene forma sonata y en él tiene gran importancia el intervalo de cuarta. Bartók advierte que el término “Introducción” solo se refiere a los 75 primeros compases, no a todo el movimiento. 
 
El segundo movimiento, Giuoco delle coppie (Allegro scherzando) fue originalmente bautizado por Bartók como Presentando le coppie y es un encadenado de secciones cortas e independientes que presentan a los instrumentos de viento en cinco parejas. Las cinco secciones no tienen temáticamente nada en común. Una caja clara sin bordón preludia la aparición de los instrumentos de viento en parejas asociados a un intervalo y en este orden: fagotes (sextas), oboes (terceras), clarinetes (séptimas), flautas (quintas) y trompetas con sordina (segundas mayores). Un corto coral de los metales y la caja clara hace las veces de Trío. Después se reexponen las cinco secciones de los dúos con una instrumentación más elaborada. 
 
Elegia (Andante, non troppo) es la tercera parte, que consta de la yuxtaposición de cinco secciones, comenzando por un preludio y seguido por tres elementos que se presentan sucesivamente y forman el corazón de la pieza, envuelta en una textura neblinosa formada por motivos elementales, llena de misterio y premoniciones, siendo una de los más representativas “músicas nocturnas” en la producción del maestro. Termina la pieza con un postludio, quedando, pues, el esquema formal como  p-A-B-C-p. Casi todo el material de esta Elegia proviene de la Introduzione.
 
Un Intermezzo interrotto (Allegretto) es el cuarto movimiento y está construído sobre la continua alternancia de los compases de 2/4 y 5/8. Su forma podría sintetizarse como A-B-A’-[int]-B’-A’’. La interrupción es un golpe de efecto formal chocante, ya que interpola una sección incongruente con lo ya escuchado. En ella el clarinete presenta un nuevo tema que parodia tanto la marcha de la Séptima sinfonía “Leningrado” de Shostakóvich, como el aria Da geh’ ich zu Maxim perteneciente a la opereta La viuda alegre del compositor húngaro Franz Lehár. 
 
El último movimiento, Finale (Pesante-Presto) presenta de nuevo la forma Sonata. Comienza con una enérgica llamada de las cuatro trompas que dura cuatro compases. Mediante un corto accelerando se llega al presto, con las violas y los violonchelos marcando el ritmo binario con arpegios en pizzicato y los violines tocando con la punta del arco, en un vertiginoso corriente de semicorcheas. Se genera entonces un perpetuum mobile que va creciendo y configurando el primer grupo temático de la sonata, que a su vez se divide en cuatro partes bien diferenciadas. Le sigue una transición basada en el tema de la llamada de las trompas inicial que enlaza con el segundo grupo temático, en el que destaca el tema encomendado a la trompeta en Do, que se convierte en un sujeto de fuga y es tratado en inversión, stretto, aumentación, disminución, etc. El desarrollo podemos dividirlo en dos partes, la primera un poco meno mosso y la segunda más compleja, mostrando un contrapunto magistral de motivos en disminución. La reexposición contiene una transición diferente, marcada en la partitura tranquillo, que conecta de nuevo con el tema de la llamada de las trompas. La reaparición del segundo grupo temático, tratado esta vez por aumentación, alcanza el clímax sonoro con el brillante despliegue de los metales y finaliza la obra con impresionante pujanza e intensidad.
 
Bartók escribió, en las notas al programa del estreno, que “el carácter general de la obra representa –aparte del burlón segundo movimiento- una transición gradual desde la severidad del primer movimiento y la lúgubre canción fúnebre del tercero, hasta la afirmación de la vida en el último”El Concierto para orquesta fue dirigido en su estreno por Serge Koussevitzky, con la Orquesta Sinfónica de Boston, el 10 de diciembre de 1944. Bartók murió diez meses después del estreno, algo más animado por el éxito inmediato de esta formidable obra. 
 
César  Cano
 

Programación

25/09/2020  19:30hAuditorio del Palau de les ArtsConciertos '20

Precios: 8, 12 y 15€

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